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martes, 19 de junio de 2018

DAVID: EL CLAMOR DE UN CORAZÓN AGRADECIDO


Esta meditación se encuentra estructurada en 02 partes: el pedir y el alabar, a medida que avanzamos en nuestra comunión con Dios nos damos cuenta de la importancia del pedir en el nombre de Jesús conforme a la voluntad del Padre y de lo vital que es para nosotros el alabarle, no solo honramos a Dios haciéndolo sino que también nos fortalecemos y gozamos cuando lo hacemos.
PEDIR
A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. Salmos 28, 1 -2.
Según la RAE, clamar sería manifestar necesidad de algo, llamar dando voces lastimosas pidiendo ayuda.
¿Qué nos dice Dios con respecto a clamar?
Clama a mí, y yo te responderé (…) Jeremías 33, 3
¿Qué dice David respecto a su experiencia de clamar?
(… ) Jehová oirá cuando yo a él clamare. Salmos 4, 3
David sabía en sus momentos de dificultad a quién clamar, y él dice a ti clamaré, oh Jehová ¿a quién clamamos nosotros cuando estamos en medio de una dificultad? ¿Cuál es el nombre que brota de nuestros labios? David declara un atributo de Jehová, él lo reconoce como su roca; es decir, su fundamento seguro, fuerte, inamovible, y refugio. Existen ejemplos en la Biblia que nos ayuda a identificar a un hombre sabio de uno insensato, siendo el hombre sabio aquel que construye su casa sobre la roca, ese que decide oír la palabra de Dios y la ponerla por practica; en David podemos reconocer a un hombre sabio, porque si él está clamando a Dios es porque él espera oír a Dios y hacer lo que Dios le indique. David persiste en oración pidiéndole a Dios que no se desentienda de él, él ha llegado a comprender que sin Dios está perdido y vencido, que estando lejos de Dios el desciende. David expresa: “Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo” demostrando su dependencia a Dios y dejando en claro el lugar en donde ha decido ir en búsqueda de su respuesta; es en su Santo Templo y es en su Presencia en donde obtendremos las respuestas de Dios.
Observemos Salmos 18, 6 “En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él a sus oídos”.
¿No es acaso que su petición de ahora en salmos 28 conserva una referencia en cuanto a su experiencia personal con Dios que él pudo experimentar? David capítulos anteriores ya había pedido y recibió respuesta.
Vemos una vez más la acción suplicante de David hacia nuestro Dios en Salmos 28, 2 “Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu Santo Templo”.

ALABAR
Alabanza es el acto de manifestar nuestra gratitud a Dios resaltando sus cualidades y méritos.

Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre. Salmos 28, 6 – 9.

David ha pedido inmediatamente ha concebido la respuesta por la fe aunque aún él no la tenga, él ha decidido abrir sus ojos espirituales y es por eso que él puede alabar y dar gracias. Dios no desatiende nuestra oración, mientras te expresas a Dios Él te escucha y te escucha, y como te escucha te responde; no dejes de creer en Dios, tú respuesta ya viene. Aprendamos de David, quien en algún momento de su vida debió haber pedido fortaleza y haberla recibido, sino como expresaría: Jehová es mi fortaleza. Es así que él puede declarar que Jehová es su fortaleza, así como también debió haber necesitado protección, siendo Dios su escudo, una protección que el enemigo no puede penetrar. David dice: Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón.

Jehová es mi fortaleza y mi escudo (tiempo presente), confió mi corazón (tiempo pasado); en el pasado debió de haber pasado por alguna situación y en él confió su corazón; y no queda solo ahí sino que lo complementa diciendo “y fui ayudado” (tiempo pasado); eso es un corazón agradecido, acordarte de las cosas que Dios hizo por ti en el pasado.
Por lo que se gozó mi corazón (tiempo pasado) y con mi cántico le alabaré (tiempo futuro).
Todo éste versículo hemos podido ver los 3 tiempos, pasado, presente, futuro. Donde vemos la respuesta de Dios ante la oración y la respuesta del hombre ante la respuesta de Dios. Queda al descubierto el corazón de David quien a raíz de su experiencia con Dios ha logrado alimentar su fe trayendo a memoria cosas que Dios ya había hecho por él y confiando que Dios aún puede hacer cosas mayores por él, y que si Él lo liberó en algún momento pues ahora también tiene el poder de liberarlo de ser su protección y su fuerza; ÉL ve a Dios como su fuente del que puede recibir todo aquello que en algún momento ya recibió; no porque lo fue antes significa que ya no lo va a ser ahora, Dios no cierra su mano a su pueblo, es inagotable todo aquello que Dios nos puede dar, porque Él es la fuente inagotable. Él ha basado su fe en la firmeza con la que sus oraciones han sido respondidas.
En salmos 28, 8 en adelante vemos ahora como él se fortalece en fe, él ya recordó lo pasado ahora él declara: Jehová es la fortaleza de su pueblo (tiempo presente) y el refugio salvador de su ungido. A raíz de eso nace una nueva oración: Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre.
David en versículos anteriores se encontraba alentando/motivando su corazón esperando en Dios, “Aguarda a Jehová esfuérzate y aliéntese su corazón, sí espera a Jehová”.
Salmos 21, 2 dice: Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios. Selah.

Selah: Momento en el que los cantantes guardaban silencio y solo se escuchaban la música de los instrumentos, usualmente ocurre en un lugar del cántico donde se ha hecho una declaración muy significativa levantar tus ojos a Jehová y bendecirle.
Piensa en esta declaración significativa: “Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios”. ¿Te das cuenta de la sobrenatural experiencia en la que estamos invitados a participar cuando oramos a Dios?
Por último, quiero que revisemos Salmos 21, 7 Por cuanto el rey confía en Jehová, y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.
Acción de gracias en Salmos 18 “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”. Éstas no son solo palabras, es el reflejo de un corazón agradecido que en cada momento de dificultad ha sabido reconocer un atributo de Dios.
En la necesidad, en la dificultad es donde identificamos los atributos de Dios, no temas pasar por la dificultad, ora, agradece y cree en sus respuestas, es ahí donde conocemos el poder de Dios.
David presenta acción de gracias por la victoria ¿qué hacemos nosotros cuando Dios responde?

Es bueno agradecer, antes, durante y después de sus respuestas.
Seamos agradecidos en todo tiempo, un corazón agradecido jamás olvida lo que Dios ha hecho por él.

viernes, 1 de noviembre de 2013

FIDELIDAD ♥ Autor: Faustino de Jesús Zamora Vargas

Cuando pienso en la fidelidad de Dios me vienen a la mente un montón de hermosos versículos que resumen el carácter fiel de nuestro Señor. Pero hay uno que parece un canto del Señor al corazón del hombre infiel. Dice la Palabra: “Los montes se moverán y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia ni el pacto de mi paz se romperá”. (Is 54:10). Sí, somos como las colinas y los montes. Dios nos afirma y nos alienta a cada paso, pero cuando llega la hora y el día malo, temblamos, nos derrumbamos y olvidamos su promesa de fidelidad. Aun mostrando indolencia e ignorando sus preciosas promesas, nos dice que su ayuda y provisión nunca nos va a faltar. Nada parece retratar tan grandemente el carácter de Dios y su relación con sus hijos como su fidelidad, que es intemporal y sempiterna. “Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Lm 3.23)
Es difícil descansar en la fidelidad de Dios si vivimos de espaldas a la Palabra y descuidamos la comunión con nuestro Señor. Cuando nuestra fe sufre la prueba de las caídas en nuestro diario caminar, cuando fallamos y deseamos huir de la presencia de Dios procurando ocultar el pecado tras hojitas de higuera, sus misericordias y su fidelidad nos demuestran que a pesar de las ingratitudes y deslealtades, Él permanece fiel. “Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno” (2 Ts 3.3).
Él es digno de confianza, pero la contrariedad en nuestro corazón está en que dudamos de esa fidelidad y derrumbamos los muros de nuestra fe. “Si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo” (2 Ti 2:13).Dios ha resistido con paciencia a través de los siglos las recaídas de la fe de sus hijos y ha exaltado a aquellos que han sido fieles confiando en su fidelidad. No me imagino a Noé construyendo un arca durante decenas de años si no hubiera estado confiado en la fidelidad de Dios.
Recuerdo ahora mismo la parábola del hijo pródigo, la fidelidad del padre amoroso y sus brazos abiertos al perdón de la miseria humana. El hijo confesó su pecado, se humilló sinceramente y el padre le pudo vestiduras nuevas de perdón restaurando un pasado de soberbia, orgullo y rebelión. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn 1:9).
El evangelio es esperanza, primero para los que no conocen a Cristo, pero también lo es para el cristiano. Cuando Cristo nos llama a permanecer firmes y vivir la fe, nos está llamando a que descansemos en su fidelidad, sin temor, con valentía, aun cuando nuestra fe no siempre satisfaga sus expectativas. Él nos conoce, sabe de nuestras cojeras espirituales, pero se goza en recordarnos su pacto de gracia. “Pero entonces, si a algunos les faltó la fe, ¿acaso su falta de fe anula la fidelidad de Dios?  Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes”. Ro 3.3 (NVI).
No hay mayor prueba de la fidelidad de Dios que el habernos revelado a su hijo Jesucristo, imagen fiel del Padre, razón y fundamento para proponernos crecer cada día en la fidelidad hacia Él.

Dios usa tu fe, no tu perfección (Pastor Roberto Miranda)

Dios se vale de la fe de gente imperfecta para llevar a cabo sus milagros. No tenemos que ser gigantes espirituales para ver la gloria de Dios en nuestra vida. No estoy diciendo que la excelencia espiritual no sea importante. Lejos esté de mí sugerir que tenemos que conformarnos con la mediocridad espiritual y excusar nuestros defectos persistentes con el reclamo barato de que “Dios conoce mis debilidades, y es misericordioso”. Es importante siempre ir hacia lo mejor. Tenemos que esforzarnos cada día por ser más agradables al Señor, y someternos a un continuo proceso de santificación. Es importante buscar crecer cada día más y más. Pero a veces caemos en la trampa de creer: “Tengo que ser un gran hombre o mujer, un misionero destacado, un genio espiritual, para que Dios se mueva poderosamente en mi vida”.
A Dios le encanta moverse a través de gente común y corriente, gente con pies de barro, gente que está  todavía peleando sus batallas y que está en proceso de mejoramiento. Quién de nosotros puede decir, “Yo estoy ya perfeccionado”. Si lo decimos, ya estamos cometiendo el primer pecado: ¡Estamos mintiendo! Espiritualmente hablando, todos estamos a medio cocer; pero Dios, en su misericordia, usa nuestra fe para romper barreras.
Recuerda: No tienes que ser un gigante espiritual. Podrás ser una persona con luchas y ataduras emocionales, con inconsistencias, y estar muy en proceso, pero Dios puede usar tu fe para romper las barreras. La bendición de Dios es para todo aquel que cree (Ro 1:16), no necesariamente para todo aquel que es perfecto. ¡Siempre recuerda esto!
Moisés, Abraham, Jacob, Sansón, Gedeón, David — esos grandes líderes espirituales que registra la Escritura— también era gente con pies de barro. Cometieron sus errores, violaron la ley de Dios en diversas situaciones; pero era gente que amaba al Señor. Amaban la palabra de Dios, creían en El, reconocían sus errores. Y eso hizo que vivieran a un nivel más alto de lo que normalmente hubiera permitido su imperfección. Permitió que a pesar de sus defectos la gracia y el poder de Dios corrieran abundantemente a través de sus vidas. Así que, recuerda: Dios usa tu fe, no tu perfección, para moverse en tu realidad.